No quiero aburrirte sobre si la psicología es una ciencia, si es una disciplina académica que trabaja en distintos espacios (clínicos, educativos, empresariales, etc.) o sobre si la psicoterapia es un arte, como diría algún cursi. Tampoco sobre los distintos enfoques terapéuticos, las llamadas escuelas de psicoterapia (psicoanálisis, conductismo, humanismo, etc.). Ni siquiera considero que uno deba “sentar cátedra” sobre ninguna de estas cuestiones.
Te remito a la entrada de “Psicología” en Wikipedia (no es broma). Honestamente, creo que da una buena introducción a todo esto desde un punto de vista teórico. Pero no te pases mucho tiempo buscando en internet.
Lo que uno querría destacar es que una sesión de terapia es mucho más que lo anterior. Es un encuentro entre dos personas capaz de transformar una vida. Suena grande, pero lo es. Y no me gusta hacer ninguna exageración. También transforma la vida del terapeuta. Empezar un proceso de terapia con un completo desconocido sentado frente a ti puede ser intimidante, pero nuestra labor implica, desde la primera sesión, que sientas que estás en un espacio de seguridad y que vas a poder explorar tus problemas con el nivel de profundidad adecuado.






